
Acaba de ser publicada en España una obra sumamente interesante de Jeffrey A. Frieden: "Capitalismo global", dedicada a ver el actual debate sobre los beneficios y riesgos de la globalización desde una perspectiva histórica.
Una vez más, este enfoque se revela particularmente clarificador. La globalización no es un fenómeno que haya nacido a finales del s. XX sino que forma parte del desarrollo capitalista práctiamente desde sus comienzos. Sin remontarse a los intercambios comerciales de la época preindustrial, que ya abrazaban el planeta en su totalidad (la "economía-mundo", concepto acuñado por Immanuel Wallerstein), el autor explica que a mediados del s. XIX se inició un proceso acelerado de apertura económica y globalización que provocó un fuerte incremento de la actividad, pero también de concentración de la riqueza, con ganadores y perdedores muy claros. También habla de los grandes movimientos migratorios y de capitales que se estaban produciendo en el mundo, de las resistencias políticas y de las grandes tranformaciones que provocó, desde el desencadenamiento de la lucha imperialista por repartirse el mundo en forma de colonias, hasta la emergencia de grandes potencias industriales como Estados Unidos o -a una escala mucho más modesta- Japón. Todo lo que se explica en esta obra, nos suena mucho. En realidad viene a decir que la Primera Guerra Mundial provocó una parálisis en este proceso de globalización que ha durado hasta los años setenta del s. XX, un auténtico paréntesis salpicado por el crack del 29, los fascismos, otra guerra mundial y la emergencia del estado del bienestar en Europa.
El autor concluye que, vista la experiencia, las economías funcionan mejor cuando no se encierran en el proteccionismo, pero que estas economías abiertas funcionan mejor y no generan tantos conflictos sociopolíticos cuando son lideradas por gobierno fuertes capaces de atender a la corrección de las insatisfacciones que inevitablemente se generan en este sistema.
¡Oído barra! Que para muchos "liberalizar" o "progresar" supone debilitar el estado y para muchos otros fortalecer el estado supone limitar la libertad. Mal vamos así, mal vamos...

